Miguel Angel - NPH Guatemala

Voluntario NPH Guatemala

Oficial de Comunicaciones & Coordinador de Voluntarios

Soy uno de tantos que pensó en hacer un voluntariado en el extranjero una vez en la vida. Tengo que decir que siempre lo pensé más como una remota posibilidad que como una realidad. Pero justo antes de presentar mi candidatura, la frase de “un día lo dejó todo y lo hago” repicaba cada vez más frecuente en mi cabeza. Así fue. Me presenté en Barcelona para saber un poco más sobre los detalles de NPH y al conocer a la gente de la oficina de España acabé teniéndolo clarísimo.

Los acontecimientos se precipitaron sobre manera. En una semana tenía 3 opciones para ser voluntario de tres países distintos de Hispanoamérica. Me decidí enseguida y a principios de enero aterricé en Guatemala con muchas ganas y otras tantas preguntas que sólo pueden ser contestadas sobre el terreno.

Dado lo rápido de mi proceso, cuando llegué a Guatemala lo hice sin expectativas previas, ahora sé que si las hubiera tenido las habría superado todas casi sin proponérmelo. Podría haber esperado, por ejemplo, recibir unos 50 abrazos diarios de niños o conocer a los mejores compañeros de trabajo que se pueden tener. También podría haber esperado sentirme la persona más querida del mundo, o que el fruto de mi trabajo lo iba a reconocer en las sonrisas inocentes de los niños. Cualquier cosa que hubiese imaginado la hubiera superado por goleada.

Estoy prácticamente acabando mi año de voluntariado en NPH Guatemala y me atrevería a decir que he sido y estoy siendo feliz, pero FELIZ con mayúsculas. Yo sólo he puesto un granito de arena, y he recibido tanto agradecimiento, tanto cariño y tanto amor que no sabría describirlo con palabras, hay que vivirlo.

Hablar castellano es una gran ventaja que tenemos los españoles. Entender los matices de la lengua multiplica la adaptación con los niños de forma vertiginosa. En un abrir y cerrar de ojos me convertí en su hermano mayor, mejor amigo y confidente con toda la recompensa personal que eso conlleva.

Escribir mi experiencia me hace recordar tan buenos momentos que no puedo evitar los ojos vidriosos ante el inminente final de mi aventura. ¿Cómo me voy a despedir de mis niños? Si la benjamín de la casa me trae loco perdido siempre que me tira un besito. Irremediablemente he vuelto a ser un niño otra vez, me he revolcado por el barro, subido a una noria, he hecho un casteller en la piscina, subido un volcán… y tantos y tantos buenos momentos que creo firmemente que hacerme voluntario en NPH Guatemala ha sido la mejor decisión de mi vida.

¿Y los demás voluntarios? ¿Y los compañeros? Eso es capítulo aparte. Fuera de NPH, he asistido a bodas, he comido en eventos familiares, he bailado en fiestas de quinceañeras e incluso llorado en entierros. Esta gente está hecha de otra pasta que difícilmente se ve en nuestros países supuestamente desarrollados. Me he preguntado muchas veces de dónde sacan esa sonrisa permanente por muy mal que vengas dadas. La respuesta es sencilla: de los trescientos niños que se empeñan en sacar adelante todos los días. Aquí dejo mi agradecimiento infinito a todos y cada uno de ellos.

Por último, animo a cualquiera a que sea voluntario en NPH, da igual el país elegido. Estando en Guatemala he coincidido con muchos voluntarios de distintas ONGs y estoy convencido que no hay un lugar más maravilloso que NPH para ser voluntario. Nuestros niños, el entorno, la calidez de la atmósfera que se respira… Sobran más palabras.

Tu también puedes ser voluntario

facebook-nph-boton.png
apadrina-boton.png
blog-nph-boton.png
 

Guatemala

En tierras altas de Guatemala, a una hora de la capital Ciudad de Guatemala, se levanta nuestro hogar Casa San Andrés, a 1500 metros de altura sobre el nivel del mar con el Volcán de Fuego como telón de fondo...

Saber más del hogar

Descarga la solicitud

NPH-Volunteer-Application (english)
NPH-Solicitud-Voluntario (español)
NPH-Volunteer-Health-Statement (english)
NPH-Declaracion-Salud (español)