Alber vindt een nieuwe thuis
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Familia

Alber encuentra una nueva casa

Alber, 7, Honduras

Cuando el padre de Alber asumió que no podía mantener a sus hijos, su cariño hacia ellos le empujó a buscar una solución permanente. Encontró respuesta en NPH Honduras y los seis hermanos fueron aceptados de golpe, y así permanecen juntos hoy, como una auténtica familia.

Tan pronto termina la misa del sábado, Alber se encuentra con su hermano Miguel en medio de una gran multitud de niños. Los dos hermanos se sonríen y comparten palabras y sonrisas mientras se abrazan fuertemente. Miguel toma de la mano a su hermano pequeño y le lleva de vuelta a Casa Suyapa, casa de los niños más pequeños del Rancho Santa Fé. Alber le da el último abrazo despidiéndose de Miguel y corre hacia su nueva casa. Esta manifestación de cariño es cualquier cosa menos inusual entre Alber y sus cinco hermanos.

Por otro lado, Alber es un niño muy movido. Tiene 7 años y es muy animado, enérgico y curioso. Le encanta ir a la escuela, los juegos, la comida, el recreo, todo le llena de entusiasmo. Cursa primer grado y le gusta mucho leer y estudiar matemáticas. Le gusta jugar y compartir con sus nuevos amigos. “NPH es un lugar muy bonito” dice Alber. “Me gusta mi vida allí”.

La vida de Alber era muy distinta 3 meses antes. Antes de llegar a NPH Alber y sus hermanos vivían en una casa pequeña con una cuidadora. Su madre los abandonó dos años antes y su padre vivía en otra ciudad, a una hora de distancia, donde trabajaba en el ramo de la construcción para poder mantener a sus hijos. Dado que el padre de Alber no tenía siempre trabajo y tampoco un salario fijo, lo que podía ofrecer a sus hijos era muy poco. Los hermanos mayores de Alber, Miguel y Luis, faltaban a menudo a la escuela para trabajar como granjeros y obtener así algo de dinero para comida. El vecindario era muy pobre y violento debido a que era una zona de tráfico de drogas frecuente. El padre de Alber no pudo resistir más esta situación y pidió ayuda a NPH.

Desde que llegaron a NPH Alber y sus hermanos viven una vida feliz, llena de alegría, paz y orden. Los niños crecen sin tener que preocuparse de si tendrán o no comida y lejos de los peligros de las calles. Todos los hermanos acuden a la escuela en lugar de trabajar en el campo. Viven en casas separadas dentro del Rancho porque tienen edades diferentes, y cada uno asume responsabilidades dentro del hogar y en la escuela. Aunque estén separados conforme a su sexo y edad, siempre buscan un momento para encontrarse y compartir entre ellos su conexión especial como familia.

Los niños también mantienen una buena relación con su padre. De hecho, ahora permanecen más juntos que cuando vivían fuera de NPH. El padre sigue trabajando en el área de construcción, a tan sólo media hora de distancia del rancho, y de hecho, se acerca para visitarlos durante los días de visita.

La vida de Alber y sus hermanos ha cambiado radicalmente desde hace tres meses. Su traslado al Rancho Santa Fé fue un gran shock inicial en sus vidas, pues pasaron de vivir en una casa, solos los cinco hermanos, a vivir en una casa con 400 hermanos nuevos. Las cosas no podían ser más diferentes.

Alber y sus hermanos seguirán creciendo juntos como una familia dentro del nuevo y excitante mundo de NPH. Para ayudar a Alber o a cualquier otro niño, considera la posibilidad del apadrinar un niño de NPH.

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