El Espejo de NPH: Lola Rosa

Hoy en “El espejo de NPH” presentamos esta conversación con LOLA ROSA. Hablar de Lola es hablar de Haití y de NPH. Vive en Madrid, tiene 56 años y en plena actividad laboral, uno se pregunta: ¿De dónde saca el tiempo para todas las cosas que está haciendo? Lola es una persona que no quiere hablar de ella misma, quiere pasar desapercibida, pero no lo consigue porque el amor al prójimo es su bandera y los que la conocemos lo sabemos.

¿A qué te dedicas?

Actualmente Trabajo en MSC Cruceros en el departamento de atención al cliente. Antes estuve durante 15 años en Air France, siempre en atención al cliente, me encantan las personas, estar con ellas, hablar con ellas, escuchar y aprender, tanto en mi faceta profesional como en la personal. Tengo especial sinergia con los más pequeños.

En el mundo de la colaboración, hacer, bueno hago lo que puedo,  junto a un grupo de amigos aprovechamos nuestro tiempo libre recolectando objetos (libros, juguetes, zapatos, ropa,..etc.), que enviamos al hogar de NPH en Haití a través del hogar en República Dominicana, la única forma posible de que llegue y no se pierda en el camino. Sin duda un largo camino, 1 mes de barco y otro mes hasta que llega a Haití, pero la felicidad de esos niños al recibirlo no tiene precio y sobre todo valoran y así me lo dicen, que alguien tan lejos, gente a la que ni siquiera conocen,  se acuerde de ellos, saber que son importantes  y queridos. También colaboro los miércoles con la Comunidad de San Egidio. Hay tantas personas sin techo, gente invisible en la gran ciudad que necesita ayuda  y más que comida que alguien les escuche. Lo cómodo es volver la vista y seguir nuestro camino.

¿Cuando conoces NPH?

Conocí a Xavier Adsara en una campaña solidaria que organizamos en Air France Cargo y ya desde un principio se me encendió la luz NPH. He estado en Haití en 6 ocasiones: 2007, 2008, 2009, 2010 (2), 2011 y 2016 y voy a intentar ir de nuevo, este próximo junio.

¿Qué viste en Haití?

Vi mucha necesidad y me invadió un dolor muy profundo y después del terremoto mucho más, se me rompió el corazón, y comprendí que no se puede seguir viviendo impasible en nuestra cómoda vida ante algo así, todo el mundo está obligado a poner su granito de arena en lo que sea. Y ese fue el germen de la  gran oportunidad que me dio NPH de poder hacer un voluntariado como profesora de español en la escuela de Kensoff durante el Campamento de verano en el año 2016. Esta maravillosa experiencia me permitió interactuar con los niños que es lo que me gusta. Me sorprendió su alegría (siempre cantando), sus ganas de superarse, el deseo de llegar a ser alguien, tener una  profesión, una carrera… Este espíritu de superación que vi en una niña con el brazo amputado, Aglenta ACCILIEN que no le impedía bailar y bailaba como nadie. No puedo olvidar a Fabienne Charles, una niña de Kay Kristine, abandonada a su suerte en las calles de Puerto Príncipe, que andaba con dificultad  por una parálisis severa, muy inteligente y que acudía a mis clases de español. Aunque casi no podía hablar mantenía una gran motivación y hoy a sus 33 años tiene un futuro, trabaja en la escuela del Hospital de Saint Germain como ayudante. Y qué decir  de esas mujeres comprometidas y valientes, me impresionó la labor de Norma, Jacinta, Gena y Margot que han dedicado toda su  vida a los más necesitados.

¿Tienes algún niño o niña apadrinada?

Ya desde el primer año apadrino a un niño llamado Berto de Kay Kristine. Lo conocí con 12 y hoy tiene 23. Tiene parálisis en las dos piernas como consecuencia de la polio. Estudia carpintería.

¿Qué me dices de los tableros de ajedrez?

Es una historia particular, de esas que surgen cuando los corazones se tocan. Pedro, el médico cubano del hogar de Kenskoff, gran jugador de ajedrez al que conocí estando en mi voluntariado, me comentó lo bien que les vendría a los niños jugar al ajedrez sobre todo en invierno cuando hace tanto frío y llueve tanto, él podría encargarse de enseñarles. Y ahí se me quedó. Ya en Madrid, asistiendo a una conferencia de tecnología en la que participaba David Vivancos, gran persona y gran científico, hablaba sobre cómo ayuda el juego del ajedrez a los estudiantes. Y me vino a la mente Haití, contacte con él  y  rápidamente sin conocerme me puso en contacto con el CEU, fui a ver a Covadonga, la profesora del Laboratorio de Tecnología, quien entusiasmada,  propuso a sus alumnos como trabajo de fin de curso hacer unos prototipos de ajedreces preciosos para los niños de Haití. Y así fue  como conseguimos 15 tableros con sus fichas que fueron llevados  en la expedición de marzo del año pasado.

¿Cómo viviste el terremoto?

Había estado en Haití en 2009, el seísmo me cogió de vacaciones en México y pensé entre lágrimas, Haití, siempre Haití. Luego el mundo se movió en su ayuda y pensé que de algo terrible podría surgir un futuro para Haití, ya nadie se iba a olvidar de Haití. Gran error, cuando llegué a Haití en Octubre de 2010 era como si estuviera en medio de una guerra, todavía con infraestructuras que podían caer, todo absolutamente sumergido en un caos. Es cierto que había muchos proyectos, muchas ayudas prometidos, los países a través de la ONU, ONG,s y muchas organizaciones se interesaron mucho en un principio, pero con el paso del tiempo vinieron los meses de olvido y de desolación e incomprensiblemente los proyectos no llegaron nunca a buen fin y  el olvido continuó . Recuerdo todavía los inmensos mares de plásticos azules de la ONU que llenaban el horizonte donde los haitianos se guarecían.

¿Qué te ha enseñado la vida?

Que no puedes estar indiferente al dolor o al sufrimiento de los demás, que no se puede mirar al otro lado, sea quien sea. Algo siempre se puede hacer. Es una obligación y una motivación para mí  y  me aporta tantísimo…

¿Algún comentario más?

Si pudiera, mañana mismo me iba para allí. De momento me conformo con intentar estar allí en Junio. Voy a seguir ayudando a los demásSeguiré colaborando con NPH, una comunidad ejemplar que ha dado y dará oportunidades de vida y progreso a muchos niños.

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