Crónica de Haití por Xavier Adsara

Domingo 10 Junio 2018
Le Chalet, Auberge Refuge.
Montañas de Kenscoff. 04:00 am.
Escrito por: Javier Adsará, Director NPH Spain

Ayer aterrizamos en Haití con un Tsunami, es decir, con una misa del Padre Rick en la diminuta capilla del Hospital St. Damien en Tabarre a las 7 de la mañana. No fue necesario abrir ninguna biblia, no fue necesario seguir el evangelio, tan solo escuchar las palabras del Pdre Rick, que lleva 31 años viviendo en Haití, explicando algunas de las graves situaciones que han padecido en estos últimos días.

Viaje Solidario a Haiti

48 horas antes de nuestra llegada a Haití, y a escasos metros de nuestro hospital pediátrico st. Damien y de nuestro hospital para adultos St. Luke, un tráiler embistió por detrás y por sorpresa a un tap-tap repleto, como suele ser costumbre, de personas inocentes que se dirigían a trabajar en unos humildes empleos que les permiten ingresar apenas 1,5 € al día, con el que malviven y apenas pueden comer 2 veces al día. Otros, cargaban a sus niños enfermos hacia nuestro hospital, o simplemente se desplazaban en estos humildes transportes haitianos transportando sus mercancías hasta uno de los puestos callejeros en mercados habilitados en medio de las calles de la capital. El accidente causó 7 heridos, muy cerca de la carretera que separa el aeropuerto internacional del país con el centro de Pto. Príncipe. Como el St. Damien hospital estaba cerca de la colisión, desde NPH enviamos 3 de nuestras ambulancias para recogerlos cueros malheridos, que fueron inmediatamente traslados hasta 3 hospitales de campaña cercanos, uno de ellos gestionados por una gran organización humanitaria médica muy conocida por todos nosotros. Los muertos vivos o los vivos casi muertos no fueron aceptados bajo ningún concepto.

¿Dónde está la conciencia humana para que una ONGD médica internacional especializada en traumatología rechazara a 7 pobres pacientes cuya vida corría peligro y cuya muerte acechaba sin mediar palabra alguna? Nadie los quiso acoger, así que, tras pasearse los 7 pacientes en nuestras ambulancias de centro sanitario en centro sanitario, regresaron a nosotros. Los pacientes se estaban desangrando. Nosotros no somos especialistas en trauma, pero qué otra cosa pudimos hacer, ante nuestra estupefacción y sorpresa, al ver que centros especializados en accidentes los aceptaban, que recogerlos nosotros e intentar salvar sus vidas. Como resultado de tener a 7 indefensos malheridos sangrando en nuestras ambulancias sin nadie que tuviera la más mínima sensibilidad para tratarlos cuando tenían los medios para hacerlo, 3 fallecieron cuando regresaban con nosotros, desangrados, los restante 4 salvaron sus vidas gracias a nuestra intervención, aunque 2 de ellos permanecen graves en nuestras instalaciones médicas de Tabarre.

El padre Rick nos sorprendió con una misa basada en circunstancias accidentales que habían sucedido unas horas antes de nuestra llegada a Haití. Al menos, no celebramos la misa con funerales por los bebés fallecidos la noche anterior en nuestro hospital St. Damien, no habían muerto bebés así que esto fue una noticia muy positiva que o coincidió con las terroríficas informaciones compartidas por nuestra gran amigo el padre Rick.

Como es habitual en las misas del padre, a las 7:30 fuimos invitados a tomar un café con él en su habitación que tiene en el interior del St. Damien, una sala cuadrada pegada a la sala de emergencias de nuestro hospital, donde fuimos invitados a tomar un tradicional café de máquina, mientras compartió la tragedia que viven los haitianos en Haití, un país olvidado por todos nosotros tras el compromiso que todos asumimos en 2010,, la sociedad entera, por ayudar a solventar las graves consecuencias del terrible terremoto que causó un desastre humanitaria en todo el país.

Pero el resto del día lo ocupamos en trasladarnos como sardinas en una diminuta camioneta que nos trasladó en apenas hora y media, al hogar kay St. Hèléne, loclizado en las montañas de kenscoff. Aquí tuvimos la suerte de poder asistir a la boda entre una ya mujer expequeña, hoy licenciada en enfermería que creció en nuestro hogar, con un policía local de Port Au Prince.

Damas de honor vestidas con coronas y vestidos impecables y elegantes de color azul y blanco, portaban preciosos ramos de flores en sus manos cubiertas de guantes blancos impolutos, globos de colores adornaban el anfiteatro cubierto de nuestro hogar, dos presentadores perfectamente uniformados hacían de maestros de ceremonias como si lo hubieran hecho toda una vida, y hacían de todos los presentes, una boda amena y divertida, sin perder la formalidad del momento. Y acompañando a los novios, hermosos y nerviosos, estaban los más de 450 niños del hogar que viven acogidos en NPH, niños y niñas vestidos con ropas de colores llamativos iluminaban el entorno y convertían el escenario y el teatro entero en una gran fiesta ceremonial que llenaba de dignidad las vidas de todos ellos, incluidos los novios.

Muchos de nosotros, del grupo español, hemos llorado durante la ceremonia abiertamente, mientras que muchos otros hemos evitado hacerlo, aunque los ojos brillaban como globos y delataban nuestra emoción interior.

La dignidad que hemos vivido hoy debemos recordarla el resto de los días que permanezcamos en Haití, no es lo habitual en un país donde, según nos contaba el Padre Rick en la temprana misa en St. Damien chapel, el 1% de la población vive de la oligarquía, el 19% pertenece a la clase media, y el 79% son obres que viven en la extrema pobreza, sobreviven con 1,5 € al día y apenas comen 2 veces al día. La desnutrición está a la orden del día no sólo entre los niños, sino también entre los adultos, la de hoy ha sido mi primera boda después de estar 20 años formando parte de la gran familia de NPH, a la que me siento muy honrado y orgulloso de pertenecer.

Cómo es habitual en toda boda haitiana, el sacerdote ha hecho alargar en exceso el momento final, el más intenso y emocionante, en que los jóvenes novios se han dado el sí quiero, se han entregado los anillos y han sido bendecidos en presencia de todos nosotros.

Una comida convite ha seguido la finalización de la misa, un pequeño descanso que hemos podido disfrutar y compartir en compañía de muchos jóvenes ex pequeos que crecieron en el hogar de NPH, y hoy, cursan estudios universitarios en distintas universidades de Pto. Príncipe, lo que compaginan con un servicio voluntario a la comunidad en el que pueden compartir los valores aprendidos en NPH desde pequeños: amor incondicional, trabajo, compartir, y seguridad.

El equipo formado por NPH Terrassa ha organizado así mismo juegos deportivos, danzas, y momentos inolvidables que los niños de NPH no olvidarán seguro. Instantes que hacen recordarnos que a través de NPH, podemos y debemos vivir la vida intensamente y compartirla con los que nunca recibieron amor, cuidado, familia y atención durante su infancia.

¿Cómo explicar lo vivido en el día de hoy, cómo explicar los encuentros emocionados, felices y en ocasiones cargados de nostalgia, con los niños del hogar, con los cuidadores, con los jóvenes universitarios de NPH, con los novios, con la música nupcial, con la dignidad y emoción contenida vivida hoy, cómo explicar el encuentro alegre entre padrinos y niños, después de tanto tiempo enviándose cartas que han abierto una relación íntima entre ambos?

Esto es Haití, así es el viaje solidario que organizamos a Haití, una experiencia humana que va más allá de un encuentro momentáneo en nuestras vidas con el pueblo haitiano, se trata de un encuentro con el auténtico amor que debe existir entre los seres humanos, entre la dignidad con la que deberían vivir todos los niños y jóvenes de Haití, un encuentro con el auténtico espíritu de la solidaridad y el compromiso con los que menos tienen. Un viaje, que seguro, cambiará las vidas de todos los que hemos tenido la fortuna de viajar hasta esa pequeña isla caribeña donde la vida y la muerte viven entremezclados.

Pero donde NPH representa, sin lugar a dudas, una gota de esperanza inmensa, tan necesaria como la vida misma, formada por un compromiso de todos nosotros con la vida.

La última etapa del día la hemos cerrado en el Auberge Le Chalet a escasos 10 minutos del hogar Kay St. Hélène, al que hemos accedido por un camino de tierra, rodeados de árboles verdes, montañas altas e impresionantes, y una tierra, anaranjada, que nos ha hecho sentir, que el color de la vida y la familia y la esperanza y la dignidad está y forma parte de NPH y nosotros, tenemos la gran gran fortuna de formar parte de ella.

Una maravillosa cena haitiana en un comedor de madera vieja, en nuestro Auberge de montaña Le Chalet, en una maravillosa terraza, rodeados de verde, paz, mucha paz y tranquilidad, nos ha permitido compartir lo vivido  y asimilar un primer encuentro con los niños de NPH que nos han hecho transportar hacia el verdadero sentido del compromiso y solidaridad.

Mientras escribo estas palabras, el grupo de viaje descansa plácidamente y recupera fuerzas para afrontar el día de hoy, que, seguro, será tan intenso como el día de ayer, tan digno, tan alegre, tan nostálgico, tan emocionante, …

Y esto es sólo el primer día…

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